Sé cantar canciones en un idioma que no entiendo

sé decir “te quiero” en un idioma que no siento

el verbo que me ha sido dado no me puede atrapar

qué sabe este diccionario de mi pueblo, mi historia o mi identidad

Paloma Chen, periodista española de origen chino.

 

En el mercado de abastos de Usera la mitad de los negocios están cerrados y, de los que sobreviven, no hay ni uno regentado por asiáticos. “Aquí la única asiática soy yo, que trabajo como una china”, comenta entre risas una de las empleadas de Congelados Pedro y Tomás. Luego, pide que su nombre no aparezca en el reportaje. Su compañera, en cambio, también de tono franco y directo, no pone pega: Concha Voces. Está convencida de que “tarde o temprano los chinos invadirán el mercado entero”. Fuera, en la calle, el bosque de caracteres y motivos chinos estampados en marquesinas y pósteres (y hasta anuncios de prostitutas asiáticas bajo el parabrisas) parecen darle la razón a Concha. Estamos en Usera, el llamado Chinatown de Madrid, máximo exponente de la venida, sobre todo desde hace tres décadas, de migrantes chinos a nuestro país en busca de una vida mejor.

Seguir leyendo