Domingo 21 de junio de 2009, Día del Padre en México. Eduardo Toyota, de 13 años, se dispone a jugar la final del campeonato juvenil de fútbol del barrio de Atlampa, en la capital del país. Sus dos hermanas y su madre le animan desde las gradas. Eduardo Toyota padre, ingeniero de telecomunicaciones, acostumbra a llevarse a toda la familia a comer, de compras y al cine en los domingos de partido. Pero hoy el papá está de viaje de trabajo en Nuevo Laredo, en el estado norteño de Tamaulipas, junto a ocho ingenieros más de la empresa de telefonía Nextel. Eduardo sabe que, en cuanto termine el encuentro, recibirá una llamada preguntándole por el resultado. Pero la llamada nunca se produce. Por fin, lunes, suena el teléfono. La esposa de uno de los seis ingenieros le comunica la noticia a la mamá de Eduardo: la habitación del apartamento donde se alojaban ha aparecido despedazada. Huellas de botas en la puerta, sábanas revueltas, muebles y lámparas derramados por el suelo. Los ingenieros, evaporados de la faz de la Tierra.

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